Un instante en la inmensidad

Cuando una tiene como pasión el orgullo y como motivación principal la conquista de nuevos territorios, es difícil no pensar en la importancia de esta ardua misión y la necesidad de que una esté e intervenga en el mundo. Mi idea loca hace unos años es que alguien como yo no podía tener fecha de caducidad y sino es el que el diseñador de todo este tinglado se había equivocado en algo. El otro día me dí cuenta de la cruel realidad. 


Estoy en un grupo de whatsup de mujeres que nos juntamos el 8 de marzo para celebrar el día de la mujer. Estaban hablando de quedar, a qué hora, dónde,.. espere para comentar mi estado y que este año no podría estar en la comida pero que tenían que brindar varias veces a mi salud, me contestaron con palabras de animo, de consuelo,.. y de repente aparecen otras dos que no se habían enterado y el grupo retomó el tema de la comida. 

Uno de los regalos que tomo de este viaje es que afortunadamente sólo puedo atender a lo fundamental, lo que me hizo sonreír ante lo que estaba sucediendo y llegó un insight potente y demoledor: cuando me vaya de este mundo el impacto será tan mínimo que durará menos que un suspiro. 

Le comentaba esto a una de las componentes del grupo mientras nos reíamos y me contó su propia historia al respecto: "en estas fechas de carnavales se murió mi aitxitxe, mi atxitxe era el mejor, claro porque era el que mejor y más rápido me calentaba las manos, para eso había sido marino. Pues el día que murió volvíamos mi ama y yo del funeral y mientras nosotras subíamos una cuesta un montón de gente bajaba disfrazada de fiesta bailando y cantando. Entonces yo, aunque era una niña, me enfadé y le pregunté a mi amatxu -¿pero no saben que el aitxitxe ha muerto?- y ella me dijo - ay hija el aitxitxe era tuyo...-

Y así es nuestra vida, igual que aquella maravillosa, y creo que aún insuperable, escena en Blade Runner donde el replicante, interpretado por Rutger Hauer, habla de nuestra insignificancia y la búsqueda del sentido de la vida.. "y desapareceremos como lágrimas en la lluvia". Siempre me ha estremecido esta escena y ahora se me cuela entre los huesos como la humedad en invierno. La vida continuará, sin alterarse un ápice, en el mismo milisegundo en que yo desaparezca, entonces para qué tanto esfuerzo en ser, en decir, en hacer, en buscar un sitio que en realidad ya ocupo por el mismo hecho de existir. Para qué tanta pelea, tanto disgusto, tanto pensar y planificar. Para qué poner la energía en mostrarme en el mundo, en vez de en el mismo acto de existir y estar en él por derecho propio. 

Cuánto esfuerzo en ser quien no soy... y ahora que se va difuminando el sentido que le venía dando a la vida, tomo conciencia de mi propia y liviana  insignificancia, ahora que ya no queda ninguna certidumbre, es cuando todo se simplifica de tal manera que de momento sólo puedo sentir un vértigo atroz, similar a cuando en una meditación conectas con el vacío y aparece el miedo a desaparecer. No sé si podré lograrlo pero estoy dispuesta a correr el riesgo de entregarme, sentirme esa lágrima en mitad de la lluvia y saber que tiene el mismo sentido e importancia que una tormenta de verano o el ulular de un búho en la noche. 


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